Emprender es un verbo que se escribe rápido y se lee fácil. Emprender. Sin embargo, su entidad y su transfondo es mucho mayor. Qué se lo digan a 45 millones de españoles y a 7,6 millones de catalanes.

Este año hemos sido todos una sociedad de emprendedores. Es lo que tiene vivir en Estado de pandemia. Que las costumbres cambian, los rituales evolucionan y las mudanzas se presentan necesarias para vivir con salud y prosperidad. 

La Covid 19 ha acelerado algunos cambios deseados en la estructura y la dinámica económica y ha despertado nuevos patrones en la conducta social. Hemos encontrado en la digitalización nuestra nueva expresión de vida y nuestra nueva competitividad. 

Este virus nos ha robado demasiadas cosas. Los besos y los abrazos que no nos dieron y no dimos, los momentos especiales que no pudimos disfrutar. Nos hemos sentido más ausencia que presencia.

Algunas de ellas pronto nos serán devueltas y otras, desgraciadamente no. En nuestro recuerdo más profundo están todas las personas importantes que en este año nos dejaron.

Hemos nacido, como proyecto empresarial, en plena pandemia. Hemos emprendido en el mismo momento que lo hacía el resto de la sociedad española y catalana. Con los mismos miedos, incertidumbres y sueños de vida mejor.

Este emprender común es el que nos ha propiciado conectar bien y mejor con las necesidades y las expectativas de nuestros clientes, nos ha posibilitado estudiar mejor los contextos y la situación.

Lo cierto es que estábamos conviviendo demasiado con el ruido y esta pandemia nos ha dejado escuchar mejor. 

Estar confinados, que no parados, nos ha brindado una plataforma de reflexión sobre el mundo que vivimos, a veces, demasiado rápido y convulso. Una reflexión para reconocernos y reconocer a nuestro entorno en un mundo globalizado y líquido.

Un mundo donde los cambios se producen en cuestión de segundos y donde, con mayor sensación de la que debiera, la rigidez procedimental y la burocracia del sector público deja muchos asuntos del bien común al descubierto. 

Todo ese margen de mejora y todo ese espacio de intervención económica, social y ambiental es lo que puede cubrirse con la agilidad, la flexibilidad y la permeabilidad del sector privado.

Hace un año suscribimos nuestro manifiesto de marca, “No brand behind“, para afirmar que todas las marcas tienen capacidad transformadora. Sea cual sea su tamaño, su ámbito de actuación y su morfología.

Firmamos No brand behind para expresar el poder de las marcas para transformar el mundo, de la mano de una sociedad civil organizada, activa y militante y el sector público, que requiere de la economía privada para una sana y funcional gobernanza de nuestra vida en común. 

Es lo que las audiencias demandan. Por eso, al término de este complejo y duro, pero estimulante y reflexivo año, volvemos a reafirmarnos en el branding como un instrumento que supera lo comunicativo para entroncarse en lo estratégico y nuclear. En el ser y en el hacer de las organizaciones.

Una convicción corporativa que nos ha llevado a completar nuestra oferta de servicios de branding convencional con la consultoría en sostenibilidad. Es nuestra respuesta a esta pandemia y a la triple dimensión de la crisis que acontece en los hogares, los negocios y las instituciones.

Hoy nuestro propósito cobra un sentido más trascendente y cumple una función mayor. Es este nuestro compromiso renovado con las marcas: acompañarles para reconstruir mejor nuestra sociedad, para atender los desafíos comunes y lograr que ninguna persona quede atrás.

Y coinciden con nuestros deseos para el año nuevo.

Feliz 2021. No brand behind.
El equipo de EME Branding.